viernes, 30 de julio de 2010

Rosas rojas en la terraza





A ti que me dejaste


A ti que me dejaste cuando más te apreciaba, cuando más sentía la necesidad de quererte.
A ti que de mi aprecio hiciste burla y que te deshiciste de mi sabio querer.
A ti que has olvidado con tanta facilidad lo que es dicha; a ti que nunca quisiste aprender a saborear el amor.
A ti que de mi confianza hiciste chanza; a ti que tan ciego estabas que no supiste apreciar lo que yo valía.
A ti que añoro hoy y que mañana añoraré aún con más intensidad.
A ti que tanto te enorgulleces de tus vanas y fáciles conquistas.
A ti, solamente a ti.

A una traición


¿Dónde tu nombre? ¿Dónde tu estado que tanto te enorgullece? ¿No eras tú el que proclamaba que era causa de interés? ¿Y no es esta razón para que, ensalzándolo, te comportaras con honestidad?
Has sido el primero en obtener mis besos: caricias que poco has apreciado; pues conociéndolas abundantes en otros labios, sólo te dejaron un mal recuerdo de mí. ¡Y qué pronto te cansaste de tu empeño! Los hombres de hoy no confían en sus ideas e intenciones, sino que huyen de todo tipo de decisión. Mas desconfío aun así de tu palabra; que tú mismo la destruiste al abandonarme.
Tu alto cargo ¿de qué te vale, si no te ennoblece el haberlo conseguido con tu cordura y actos?
El prof… se ha burlado de mí como hizo con tantas otras.
¡Maldito sea el día en que lo conocí!

miércoles, 26 de mayo de 2010

Dos mariposas negras



El ruiseñor

Cual canta el ruiseñor en el arroyo, con melancólicos trinos de primavera, así palpita mi corazón en un pecho del que quiere liberarse a toda costa. Y el viento sopla entre el ramaje, fiero cierzo o aquilón destemplado, intentando retener en la infinitud la estación pasada y el tiempo no usado.
El ave pese a todo se convida y, acompasando al rumor del agua clara, entona de continuo un nuevo canto. Las hojas tiemblan; parecen conmovidas por la tristeza que del pájaro en efluvios emana. Su trino nostálgico semeja al primer amor que no abunda ni en demasiada alegría ni en demasiada profundidad.
“¿Para qué conocer el amor- me digo entonces-, si falso es el querer del que es amado, pero no entrega nada de sí mismo salvo la soledad que lo acompaña?”

Pregunta de amor

¿Quién besó la vez primera tu boca henchida de rosa y probó el nectar dulceamargo que tantos envidiaron? ¿Quién, doliente o compungido, amante del suplicio y del tormento, te tuvo entre sus brazos tembloroso, esclavo de ese amor tan denodado? ¿Quién frotó las palmas de tus manos, manos de santo o de ingenuo peregrino, que a tantos y tantos Lázaros curaron? ¿Quién, afortunado en el delirio, lleno de tu gracia y hermosura, probó de ti lo que a mí me fue vedado, tocando del cielo, en su gran altura, la divina gloria y perdiendo con ello el cuidado?

sábado, 22 de mayo de 2010

Flores rosas y tibor chino




La inspiración

Ni en mis versos espurios ni en lo poco que me engrandece hoy día encuentro la esencia de mi porvenir. Todo lo que hago me resulta inútil. Los pasajes de ingravidez que escribo no son más que retahílas de cosas fútiles, banales tesoros de la inspiración. Y yo no soy sino un títere de mi propia musa. La inspiración me alcanza a menudo igual al rayo de Zeus, que, iracundo, despeñó a Faetonte por su atrevimiento. Pero la inspiración es a la vez ánimo, y nunca falta su estrella para guiar mis pasos en los momentos más desesperados.

El amante eterno

¿Quién formó tus labios, amado, de tan divinos pétalos, de tan fragantes rosas? ¿Quién tus ojos de agua clara, profundos y límpidos como un arroyo en su correr? ¿Quién, tu alma traidora, llena de embustes y espinas, irreverente e inabarcable como el abismo más profundo?
Que todo en ti es perfección mi corazón lo sabe con certeza; mas aun así hay algo en ti que no logro comprender. ¿Pero acaso he de comprenderte cuando ni tú mismo comprendes el por qué de tus razones?
Eterno es tu nombre y mi desdicha, concebidos ambos de un mismo tronco y raíz. Eterna también es mi torpeza, pues no consigo alcanzarte ni te alcanzaré jamás por mucho que lo intente. Eterno es mi dolor, que no puedo controlar ni ahogar en el fondo de mi pecho…
Bien por ti, amante eterno, que no sufres ni padeces el vértigo del amor; que yo, de ti prendada, me desgarro por dentro ante tu incomprensión.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Centro de rosa blanca abierta de un jardín



Nombre insignes

¡Quién pudiera escribir como Tasso, copiar la fluidez de Stendhal o librar los embates contra el tiempo de Virgilio y Horacio! ¡Quién pudiera subsistir por siglos, con la obra y el nombre, elevando el arte por encima del arte mismo y de lo mundano! ¡Quién pudiera glorificar con destellos el título de un libro que simbolice la inmortalidad, ideada no por la fortuna, sino por el amor a lo literario!

Sobre mis versos

Si aun Juan Ramón Jiménez diera alas a mis versos y los templara de tal manera que se hicieran célebres al igual que los suyos, valdría la pena componerlos. Mas, en la sombra eterna, desconocida, mi poesía carece de la fuerza que se debe a un poeta o a un escritor profano. No canta nadie mis rimas ni se quejan en profundas discusiones de los aspectos de mi obra. Nadie menciona mi estilo ni hace profundos tratados sobre mi narración. Siempre desconocida, oculta al gran público como a mí misma, no me conduelo por mi mala fortuna literaria. Otros dirán que esta no es gloria ni buscarla afán de muchos en su quehacer; yo digo que el conocer la fama no se hizo para mí, y ya no lucho por ello, sino que permanezco abnegada ante mi situación.
Y así, con amargo sentir y vivir, espero ausente que en el postrer día me digan que mi vida valió para algo, aunque en escasa magnitud.

Vela con luz malva

Pensamientos de un escritor

Cuando contemplo los libros de todas clases, de todos los colores, de todos los tamaños, siento una satisfacción inmensa, algo que no logro comprender muy bien. Me encanta oler las páginas de los libros viejos, con sus pergaminos amarillos y su olor a almendra o a avellana. Dentro de ellos, y fuera también, guardan un encanto que es difícil de describir. Aunque me agradan también los libros modernos, con sus portadas deslumbrantes, sus cuadros, fotografías e ilustraciones variadas y llamativas, sus páginas brillantes y vivas.
Un libro para mí es un tesoro, pues en él encuentro una singularidad especial que nadie más que un escritor puede comprender. Tal que si me hubieran arrancado un pedazo del alma para plasmarlo en un objeto propio que contiene mis pensamientos y parte de mí, un pedazo casi de mí mismo, así es un libro.

La cólera

Cuando algo te amarga la existencia y no puedes domeñarlo, cuando algo ofusca tus sentidos y nubla tu razón lo denominamos cólera. La cólera es el deseo de hacer algo realidad, de liberarse de las ataduras impuestas por una sociedad opresiva, por un ámbito familiar que no comprende las apetencias ajenas. La cólera es cuando algo te resulta injusto, tedioso, vituperable, y tus manos están atadas para actuar. Y aun tratas inútilmente de combatir la injusticia, el vil proceder de unos seres incomprensibles que viven enfrascados en su propio mutismo, en su realidad inconstante.
Pero frecuentemente me pregunto, frente a estas personas, ¿por qué combatir? ¿Para qué una lucha individual que nada resuelve? La única que voy a salir perjudicada, al fin y al cabo, soy yo. Y los demás jamás agradecerán algo que ni quieren ni comparten conmigo.
Mas ahora dejaré que la cólera pase. El escribir, de algún modo, saca la rabia contenida y la plasma en un papel o en un blog como es mi caso.