¡Quién pudiera escribir como Tasso, copiar la fluidez de Stendhal o librar los embates contra el tiempo de Virgilio y Horacio! ¡Quién pudiera subsistir por siglos, con la obra y el nombre, elevando el arte por encima del arte mismo y de lo mundano! ¡Quién pudiera glorificar con destellos el título de un libro que simbolice la inmortalidad, ideada no por la fortuna, sino por el amor a lo literario!
miércoles, 19 de mayo de 2010
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