viernes, 30 de julio de 2010

Rosas rojas en la terraza





A ti que me dejaste


A ti que me dejaste cuando más te apreciaba, cuando más sentía la necesidad de quererte.
A ti que de mi aprecio hiciste burla y que te deshiciste de mi sabio querer.
A ti que has olvidado con tanta facilidad lo que es dicha; a ti que nunca quisiste aprender a saborear el amor.
A ti que de mi confianza hiciste chanza; a ti que tan ciego estabas que no supiste apreciar lo que yo valía.
A ti que añoro hoy y que mañana añoraré aún con más intensidad.
A ti que tanto te enorgulleces de tus vanas y fáciles conquistas.
A ti, solamente a ti.

A una traición


¿Dónde tu nombre? ¿Dónde tu estado que tanto te enorgullece? ¿No eras tú el que proclamaba que era causa de interés? ¿Y no es esta razón para que, ensalzándolo, te comportaras con honestidad?
Has sido el primero en obtener mis besos: caricias que poco has apreciado; pues conociéndolas abundantes en otros labios, sólo te dejaron un mal recuerdo de mí. ¡Y qué pronto te cansaste de tu empeño! Los hombres de hoy no confían en sus ideas e intenciones, sino que huyen de todo tipo de decisión. Mas desconfío aun así de tu palabra; que tú mismo la destruiste al abandonarme.
Tu alto cargo ¿de qué te vale, si no te ennoblece el haberlo conseguido con tu cordura y actos?
El prof… se ha burlado de mí como hizo con tantas otras.
¡Maldito sea el día en que lo conocí!