martes, 14 de abril de 2015

El canario



Pronto se levantó aquel día Susana, y una vez levantada, fue a cambiar el agua al canario, que había dejado de cantar. Éste la miró con sus ojillos negros, sutiles como dos azabaches, y pió tristemente. A Susana se le encogió el corazón.
Tomó deprisa el desayuno, pues debía encaminarse a su trabajo que estaba a una hora o así de su casa; pero antes decidió despedirse de su pajarillo, al que había querido desde que se lo regaló uno de sus amantes. Se acercó entonces a los barrotes, y vio con pena que el cuerpo sin vida del animal yacía en el fondo de su jaula.

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