martes, 14 de abril de 2015

El señor



Sirvió una copa de vino y se sentó al amor de la lumbre. Tenía la faz pálida y sólo la luz de las llamas avivaba en él su expresión hosca y resentida. Después de volver de una jornada de caza en la que apenas había cobrado un par de piezas, tenía un humor de perros. Todo le molestaba, todo le resultaba tedioso.
-¡Malhaya el que a mal árbol se arrima!- exclamó uno de sus lacayos retirando el vívido licor rojo en una bandeja.
-No, no te lo lleves- masculló él mirando hacia la mesa-. Quiero ahogar mis penas con lo único que merece la pena en esta vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario