domingo, 12 de abril de 2015

Elegía Cuarta a Carino



IV

Cantará el triguero en las ramas del árbol de Minerva o callará en los campos vespertinos cuando tú me faltes, mas nunca dejará mi pluma de rememorar tu nombre. Indómita presencia casi humana, personaje hecho carne, ficción que no muestra sino el dolor de mi desengaño.
¿Por qué, Carino, mi invención te dio ser, si una vez creado se destruyó tu encanto? Por encima del pesar se crecen las adversidades, de los males renace la esperanza, e incluso de aquello que aborrecemos y que tanto daño nos infirió se obtiene alguna ilusión. No recela del fuego el caballo por haberse quemado; cela del yugo aquel salvaje animal por haber estado sujeto a él. Lo que no se conoce no se teme; lo que no se ha soportado no se aborrece.
Arroja pues los banales circonios, los jacintos rojizos (semejantes al cinabrio) o los berilos transparentes, sólo es necesaria en ti la hermosura del hombre; que más adorno no precisa el amado al corazón de quien ama. Abandona los superfluos oros, las pompas inútiles y busca en la humildad de los eruditos tu elocuencia, la facundia que te ha de mostrar más donoso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario