domingo, 12 de abril de 2015

Elegía Tercera a Carino




III

Mira a Apolo al que la selvática hija de Peneo desdeñó, o a aquel Amintas a quien la ninfa que servía a la diosa cazadora rechazó insensible; y tú, cruento varón, ¿por qué rebates el amor ofrendado, si tuyo es ya? ¡Qué orgullosos hubieran estado otros si el cariño que ellos exigían se les hubiera otorgado! Pero tú, mancebo inhumano, nada valoras sino tu propia y nefasta belleza. La valía que te hizo hombre de mí te aleja por incomprensible denuesto. ¡Oh, hijo de Roma! ¿Desde cuándo el desprecio a una mujer se ha convertido en galardón? ¿Desde cuándo la perversidad varonil es atributo mayor que las ínfulas de oro?
Vista tu cuerpo la púrpura del múrice, Carino, y no se te elogie con desprecio mi humillación. Queden pues los lamentos aborrecibles para los personajes de Teócrito o para aquellos que pululan en las obras de Esquilo. Yo, el honesto testigo de tu grandeza, no soporto más el desdén al que me somete tu hombría.

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