domingo, 12 de abril de 2015

Elegía Primera a Carino



I



La condición del ser humano tiene sus límites, y yo que soy humana y falible, no resisto los embates de la diosa de Chipre ni de su hijo, más terrible incluso que ella.

O ámame o déjame, Carino, pero no permitas que mi alma vague errabunda en el mar proceloso de la desesperanza. También las almas del Averno obtuvieron su descanso. Sólo Ixión o Sísifo merecieron un castigo semejante al mío. Deja que las rocas conserven esa dureza de los incultos campos y que fluya en ti esa belleza y pasión de la juventud, de aquellos años en los que precisaste tanto del afecto como de la diversión.

Acudirás, y es mi consejo, a aquellos banquetes de senadores y patricios, de nobles caballeros y será tu nombre reconocido con toda su fama. Tus sandalias pisarán los más finos suelos de teselas, las extensas galerías palatinas para llegar a ser alguien. Tú, personaje mío, creación de mi raciocinio, ve más allá de donde mi mente puede llevarte; elévate altivo por encima de la mediocridad y del tedio mundano, y di que yo te cree, que yo soy la causa de tu persona, el motivo de tu perfección.

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