miércoles, 13 de mayo de 2015

Los postres



En el centro de la mesa, entre fruta escarchada, estaba la gran tarta de chocolate, cubierta por una fina capa de cacao negro y por virutas infinitesimales de colores; coronada a su vez por merengue y una guinda roja y jugosa. Al lado de ella, tortas de crema, bizcochos rellenos de flan, ricas tartaletas con almendras tostadas y vino para regar el paladar de las gargantas sedientas. También nata y yogures, tarrinas de fresa y bombones, ricas ensaimadas y pasteles por doquier.
Brillando junto al champán, excitando los gustos y miradas de los comensales, se alzaba la fuente del ponche. Además había helado de turrón, vainilla y pistachos, dulces de pasas y dátiles y de otros millares de frutos secos; castañas asadas, ricas perlas de tiramisú, de trufa…. No faltaban tampoco otras conservas de sabores variados, mermeladas y gelatina de gustos múltiples y diferentes, ofrendas que hasta el discernimiento menos agradecido hubiera ensalzado.
Incluso algún que otro rosco de chocolate o hecho con hojaldre se pavoneaba con jactancia sobre la mantelería bordada. Licores dulces o secos, cava para escanciar con su saborcillo espumoso, en las tintineantes copas de cristal de Bohemia, y otras fruslerías que se me antojan mil y que sería difícil describir en este breve relato, por lo que dejo a la imaginación del lector su imagen irreal, deleitosa, mágica…

Así en todas las mesas, servidas al antojo del gran chef francés, desafiaban a los asistentes las viandas que en el postre se sirven y degustan.

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